Los Hermanos Rodríguez y la paradoja de “La Cucaracha”


por: Gerardo Guerra Talayero

Lunes 15 de febrero de 2021


Una de las necesidades primarias de la vida sin duda alguna es alimentarse,  hacer un gusto de esta necesidad con el buen comer es un privilegio, sobre todo si se tiene la posibilidad de hacerlo en un buen lugar donde la mayoría de las veces el nombre del restaurante es compartido con su mejor platillo a gusto del propietario y del Chef que finalmente serán juzgados por los comensales.


Me imagino un lugar que se llame la trucha vagabunda o el cabrito norteño cuya especialidad sea precisamente la trucha y el cabrito, pero no me imagino un lugar llamado La Cucaracha cuyo logotipo sea el insecto que nadie quiere ver en su cocina aunque estuviese vestido etiqueta y aquí la paradoja de un restaurante llamado La Cucaracha el cual me habría encantado conocer y deleitar sus platillos.

No imagino que habría pensado Don Pedro Natalio Rodríguez Quijada para nombrar así a su restaurante o si su esposa Doña María Concepción de la Vega Gorráez estaría de acuerdo;  lo que sí imagino, es el increíble ambiente y las personalidades que fueran comensales en ese lugar, probablemente el presidente Adolfo López Mateos y su amigo personal Don Pedro Rodríguez planearan ahí la construcción del autódromo de la Magdalena Mixhuca, el cual 14 años después de su inauguración cambiaría el nombre al de autódromo Hermanos Rodríguez en honor a los hijos de don Pedro.

Al restaurante llegaron las grandes personalidades del automovilismo deportivo en plena euforia de la Carrera Panamericana en el transcurso de 1950 a 1954, ahí sin duda alguna estuvieron sentados los pilotos Jean Trevoux, Otto Becker Estrada y el Viejo Solana que fueran patrocinados por el restaurante La Cucaracha para correr la ya famosa Carrera Panamericana,  así también, aunque no patrocinado por el restaurante, estuvo sentado el tricampeón  de las 24 horas de Le Mans e importador exclusivo de Ferrari en los Estados Unidos Luigi Chinetti que fuera impulsor de la carrera profesional de los Hermanos Rodríguez con su equipo North American Racing Team (NART).

Sin lugar a duda, los mejores comensales del restaurante La Cucaracha fueron los mismísimos Pedro y Ricardo Rodríguez de la Vega que sembraran aquí sus sueños e ilusiones para ser pilotos de carreras y los máximos expositores de México en el automovilismo deportivo; el restaurante de su padre pasó a la historia por las penas y glorias de las que su barra y mesas fueran testigos con los planes y platicas que ahí se formaron.

Pedro Rodríguez de la Vega disputó cincuenta y cuatro carreras entre 1963 hasta su muerte el once de julio de 1971; su hermano Ricardo tuvo una carrera más efímera con tan sólo cinco carreras en Ferrari hasta que perdiera la vida el primero de noviembre de 1962, ambas tragedias a consecuencia de un fatal accidente.


El restaurante paradójicamente llamado  La Cucaracha, estaba localizado en la calle de Gante casi esquina con Madero cerca del palacio de Bellas Artes donde estuvo la gloriosa generación ahora perdida del automovilismo Mexicano con los nombres inmortales que adornan los mausoleos del Cementerio Español en la ciudad de México.





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