Carroll Shelby y su aventura Mexicana


por: Gerardo Guerra Talayero

Miércoles 27 de enero de 2021


No es un misterio y mucho menos un secreto que la fábrica de sueños e ilusiones más grande del mundo se encuentre en un barrio llamado Hollywood en la ciudad de Los Ángeles California; no he tenido la dicha de estar en esa fábrica como tampoco en ninguna de chocolates, pero no dejo de comerlos ni de ver las producciones del cine.


Hago alusión a Hollywood por que fueron filmadas varias películas y documentales de la vida de Carroll Shelby pero en ninguna hacen referencia a La Carrera Panamericana y su paso por México.

De su vida ya se ha dicho mucho como constructor y diseñador de autos, sobre todo de su trabajo en conjunto con Ford Motor Company, dando como resultado el Mustang Shelby, también las importaciones del vehículo británico AC Bristol bautizado como AC Cobra, incorporando diversas motorizaciones de Ford y su característico emblema de la serpiente.

Ayudó a fabricar y competir al gigante de Detroit en las 24 horas de Le Mans con el GT 40 del cual finalmente obtuvieron la victoria contra el otrora abatible Ferrari.

Después de separarse de Ford pocos saben que ayudó a contribuir al desarrollo de vehículos de alto rendimiento para Dodge y Oldsmobile, pero lo que definitivamente el común de los aficionados desconoce fue su participación en La Carrera Panamericana  de 1954 y su aventura por México; es de suponerse puesto que fue de sus inicios como piloto de carreras.

Sirvió en la Segunda Guerra Mundial como instructor de vuelo y piloto de pruebas, al término de la Guerra su estilo de vida fue un contraste entre granjero y piloto de autos, de esto último tenía grandes dotes. Participó  en ocho carreras del campeonato mundial de Fórmula 1 y también fue ganador de las 24 horas de Le Mans en 1959. Pero… ¿qué fue de su participación en la carrera Panamericana y su aventura por México?



Pues bien, el joven Shelby consiguió el patrocinio necesario con Donald Healey, el cual le pagó la inscripción a la Panamericana y le proporcionó el auto deportivo que promocionaba en Los Estados Unidos, un Austin Healey 100 Color blanco al que Carroll pintó de azul en la parte baja, lo que más adelante serían los colores característicos de Shelby.



Estuvo viviendo una semana en Tuxtla Gutiérrez Chiapas México como la mayoría de los grandes pilotos de la época, los campeones del mundo estuvieron ahí, Juan Manuel Fangio campeón de Fórmula Uno y de la Panamericana el año anterior.



En Tuxtla Gutiérrez Chiapas,  que fuese la Patria chica de las Carreras y la velocidad de Mexico en la primera mitad de la década del 50, se encontraba lo mejor de lo mejor del deporte motor, y el joven Caroll Shelby quería ser parte de esa historia y tener el reconocimiento que aún no tenía en el medio.

En ese entonces Carroll tenía 31 años y quería demostrarle a los grandes su capacidad y habilidad detrás de un volante.

La mañana del 19 de noviembre de 1954 arrancó en el lugar número ocho entre Ferrari, Jaguar y Curtis, no la tenía fácil, atrás de él, el Packard de aluminio carrozado en Italia con el piloto experto y gran conocedor de la panamericana Jean Trevoux, después de éste, el auto más rápido del mundo en ese momento, el Pegaso Español  con Joaquín Palacios al volante.

Fue tanta la presión para Shelby y su copiloto Roy Jackson que se despistaron a gran velocidad en una curva del cerro Humoa, cerca del poblado Rizo de Oro entre los límites de los estados de Chiapas y Oaxaca, impactando su Austin en un montículo de tierra del cual y por suerte sólo tuvo un par de huesos rotos; de haber continuado unos kilómetros más, cerca de Tehuantepec le hubiese tocado ver el accidente fatal del Ferrari con el número uno de Jack MacAfee y Ford Robinson que según dicen iban presionados por el Ferrari negro del Marqués Alfonso de Portago.

Muchos pilotos se inscribieron, la mayoría han sido olvidados. La Carrera Panamericana no era para principiantes o al menos no era para quererla ganar,  alguno de los más audaces y veloces perdieron su vida en el intento cómo el Che Estrada, Felice Bonetto, entre otros; era tan peligrosa que Giovanni Bracco conocido como el Rey de la Montaña y campeón de las 1000 millas de Italia Le puso el sobrenombre de “La Carrera de la muerte” y declaró que de seguirse organizando acabaría con todos los pilotos profesionales. 

Shelby tuvo mejor suerte que MacAfee en su despiste, aún así La Panamericana lo inhabilitó de correr profesionalmente un par de años, tiempo que lo inspiró en llevar a cabo sus sueños como constructor y fabricante de autos de alto desempeño



One Way News

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